3 Teorías que podrían hacer estallar al Big Bang
El tiempo pudo no haber tenido un principio – y podría no existir en absoluto.
Para Paul Steinhardt y Neil Turok, el Big Bang finalizó en un día de verano de 1999 en Cambridge, Inglaterra. Sentados juntos en una conferencia que habían organizado, llamada “Un adiestramiento sobre la conexión de la física fundamental y la cosmología”, los dos físicos de pronto llegaron a la misma idea. Tal vez la ciencia estaba por fin lista para abordar el misterio de qué hizo estallar al Big Bang. Y si era así, entonces tal vez la ciencia pudiese también enfrentarse a una de cuestiones más profundas: ¿Qué pasó antes del Big Bang?
Steinhardt y Turok — trabajando estrechamente con algunos colegas de su misma opinión — han desarrollado ahora estas visiones en una detallada alternativa a la visión predominante similar al Génesis de la cosmología. De acuerdo con la Teoría del Big Bang, todo el universo surgió durante un único instante hace aproximadamente 13 700 millones de años. En la teoría rival, nuestro universo se genera y regenera a sí mismo en un ciclo infinito de creación. La última versión de modelo cíclico incluso encaja con las piezas clave de evidencias observacionales que apoyan la visión anterior.
Este es el reto más detallado hasta el momento a la ortodoxia de 40 años del Big Bang. Algunos investigadores van más allá y prevén un tipo de tiempo infinito que se desarrolla no sólo en este universo, sino en un multiverso — una multitud de universos, cada uno de los cuales tiene sus propias leyes físicas y su propia historia de la vida. Mientras otros revisan la propia idea del tiempo, interpretando el concepto de “inicio” como algo sin sentido.
Todas estas herejías cosmológicas concuerdan en una cosa: El Big Bang no define por más tiempo el límite de cómo de lejos puede explorar la mente humana.
Gran Idea 1: La increíble masificación
La última elaboración de la cosmología cíclica de Steinhardt y Turok, encabezada por Evgeny Buchbinder del Instituto Perimeter de Física Teórica en Waterloo, Ontario, fue publicada el pasado diciembre. Aún así el impulso detrás de este trabajo es muy anterior a las teorías modernas del universo. En el siglo cuarto, San Agustín se preguntó qué hacía el Señor antes del primer día del Génesis (repitiendo irónicamente la exasperante réplica de “Estaba preparando el Infierno para aquellos que se entrometen demasiado”). La cuestión es que se convirtió en ciencia en 1929, cuando Edwin Hubble determinó que el universo se estaba expandiendo. Extrapolándolo hacia atrás, las observaciones de Hubble sugerían que el cosmos se separaba desde un origen explosivo, el legendario Big Bang.
En el estándar de la interpretación del Big Bang, que tomó forma en los años 60, el evento formativo no fue una explosión que tuvo lugar en algún punto del espacio y del tiempo — fue una explosión de espacio y tiempo. En esta visión, el tiempo no existía con anterioridad. Incluso para muchos investigadores en el campo, ésta fue una píldora difícil de tragar. Es difícil imaginar que el tiempo simplemente comienza: ¿Cómo decide el universo que es hora de saltar a la existencia?
Durante años, cada intento de comprender lo que sucedía en ese momento formativo se encontraba rápidamente con un callejón sin salida. En el modelo estándar del Big Bang, el universo comienza en un estado de densidad y temperatura casi infinitas. En tales extremos las leyes conocidas de la física colapsan. Para recorrer todo el camino de vuelta al inicio del tiempo, los físicos necesitan una nueva teoría, una que fusione la relatividad general con la mecánica cuántica.
Los proyectos para dar sentido al Big Bang comenzaron a mejorarse en los años 90 cuando los físicos refinaron sus ideas en la Teoría de Cuerdas, una prometedora aproximación para reconciliar las visiones de la relatividad y la cuántica. Nadie sabe aún si la Teoría de Cuerdas encaja con el mundo real — el Gran Colisionador de Hadrones, un impactador de partículas que entrará en funcionamiento a finales de este año, puede proporcionar algunas pistas — pero ya ha inspirado algunas ideas sorprendentes sobre cómo está construido el universo. Lo más notable es que las actuales versiones de la Teoría de Cuerdas proponen siete dimensiones ocultas del espacio además de las tres que experimentamos.
Cosas extrañas y maravillosas pueden suceder in esas dimensiones extra: Esto es lo que inspiró a Steinhardt (Universidad de Princeton) y Turok (Universidad de Cambridge) para configurar la fatídica conferencia de 1999. “Organizamos la conferencia porque ambos sentíamos que el modelo estándar del Big Bang fallaba al explicar cosas”, dice Turok. “Queríamos reunir a la gente para hablar sobre lo que la Teoría de Cuerdas podía hacer por la cosmología”.
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